Archive for the ‘Literatura’ Category

Diarios de viajes: Rosario 2010

octubre 25, 2010

¡Crrrrack…!
El piso se resquebraja, las grietas de nuestro mundo gris y apelmasado  van cediendo ante el nuevo paisaje, como el color piel ante las venas violáceas en las piernas de una vieja varicosa. Caigo hasta el fondo sin fondo y siento -ahí mismo, en el aire- que encontré mi lugar en el mundo. Por dos días me dejo sopapear por una secuencia de gente, trabajos, charlas y caminatas que quedarán grabadas en mi corazón, ojos, oídos y piernas por mucho tiempo.

¡Bang!¡Bang!¡Bang!¡Bang!¡Bang!¡Bang!¡Bang!¡Bang!¡Bang!¡Bang!
Suenan las balas, una tras otra, hasta contar cien. Comienza el festín. El hambre y las ganas de comer se han juntado en un banquete. Un agasajo con invitados de honor: embajadores, príncipes, reyes, mata-dragones, escuderos,  algún que otro bufón y hasta algún villano de opereta. La plebe que les rinde (les rendimos) pleitesía con honor, gusto y orgullo. Jamás fue tan placentero y honroso codearse con las altas esferas, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de ellos salieron de cunas de mimbre, como cualquier gentuza (como nosotros).

¡¡¡¡Boooooooooooooooooooom!!!!

La explosión arrasa con todo. Las magnas obras arquitectónicas de la ciudad se deshacen y renacen al segundo. Más brillantes, más poderosas, más icónicas, más calientes, alimentadas por las llamas de la pasión. La gente pasa (pasamos) por el mismo proceso: nos despellejamos; nos abrasamos y nos abrazamos; gritamos eufóricos y corremos en las calles del pasado/futuro como nenes en la plaza. El río nos sonríe en sus márgenes y las islas, casi deshabitadas, nos observan perplejas, curiosas, hasta algo burlonas, y en el fondo envidian la vereda de enfrente; tan llena de vida, ella, tan llena de colores que hacen palidecer el verde del follaje. Pese a la idoneidad del clima, nadie puede relajarse, a todos les llega la música de unos tambores rítmicos. Tambores de aire y sangre que repiquetean por amor. Por uno de los amores más lindos: el amor al arte.

Jamás fui creyente, pero voy a comenzar a rezar Rosarios. Para volver, una y otra vez. Para contar de memoria todas sus cuentas. Para vivir, morir y resucitar hasta el fin de los tiempos.

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Vuelo asistido

abril 8, 2010

Aquella noche, como tantas otras veces, Filoni voló.
No era nuevo en eso de elevarse por los aires, pero nunca antes había sabido manejarse con tanta soltura por el cielo, ni alcanzado velocidades tan altas como aquella vez. Voló sobre la plaza principal y reconoció las estatuas, bancos y árboles, aunque su disposición parecía un tanto caprichosa. Se acercó a la Catedral, y dibujó un ocho alrededor de las dos torres más altas. Giró sobre sí mismo para quedar boca arriba, se persignó al revés -comenzando por el “santo”- y rió. Divertido por su blasfemia y la impunidad con la que podía manejarse a esas horas, cruzó hasta el otro lado de la plaza y le hizo pito catalán a la casa del Señor Gobernador. De un nuevo impulso vertical, ascendió hasta apenas debajo de las nubes para tener una vista más amplia de la ciudad, que no era la suya pero casi. Allí se encontró con un paisaje hermoso y críptico: las luces y las calles trazaban un mapa que Filoni entendió como un enigma que no sabría descifrar. Un impulso (miedo) lo llevó a preguntarse dónde estaría la clave, pero decidió ignorarlo. Prefirió divertirse unos momentos más nadando por las corrientes negras del firmamento como pez en el agua. Cuando se cansó, largó un suspiro mudo y supo que era hora de aterrizar.
Se lanzó en círculo hacia el centro de la plaza, dibujando una espiral cerrada. Se jactaba de su gran habilidad para evitar los pájaros (¿eran pájaros? ¿allí, tan alto?) y los látigos de viento hostiles cuando golpeó sin querer a una imponente figura, toda ataviada con harapos negros, que surcaba el cielo trastabillando en sentido horizontal. El choque, seco y fuerte pero poco violento, sonó como un vitró cediendo ante el embate de una piedra certera. El impacto hizo que la figura, altiva y noble pero notoriamente desmejorada, desacelerara un poco su marcha. Pero ésta continuó enseguida con su descenso lateral, alejándose hacia el norte, como chupada desde la lejanía por un imán gigante. Sobre el pecho llevaba un colgante color rojo sangre que titilaba con una luz mortecina. En la cabeza, un yelmo disforme que recordaba a un dios antiquísimo del que nunca se oyó hablar. En una mano sostenía una bolsita arenosa. La otra la extendió en dirección a Filoni, quien trató en vano de asirla. Antes de perderse en el horizonte, aquel ser le dijo unas palabras que se ahogaron en el aire. Filoni no llegó a comprenderlas pero supo que eran un pedido de auxilio. Aunque fue la constitución de la voz lo que más le llamó la atención, lo que lo desconcertó. Sonaba distinta a cualquier otra voz que hubiera escuchado jamás, como si las palabras que pronunció fueran pinceladas blancas en un lienzo negrísimo de bordes irregulares. También le sorprendió que ese ser imponente, con su porte y su altivez intactos, se rebajara a pedirle ayuda a uno finito como era él. Perdido en sus cavilaciones, no notó que su don de aires se había desvanecido, precipitándolo hacia la tierra.
La gravedad aceleraba al volador impotente cada vez más y la plaza ya estaba muy cerca cuando Filoni cayó en la cuenta de su situación. Quedaba nada para que el suelo lo ultimara. Desesperado, gritó por ayuda. El impacto era ya inminente, así que se tapó la cara con los brazos, cerró los ojos y apretó los dientes con fuerza. Justo antes de terminar coronando una estatua perturbadora, una brisa tibia y reconfortante lo arrulló, delineando una medialuna invisible en el aire. La brisa, con su voz dulce y familiar, le cantó una canción de cuna que hacía las veces de viento. Finalmente, Filoni se durmió plácido y tranquilo, como un bebé después de tomar el pecho.
Entonces despertó, dejando el Ensueño atrás lentamente.
Hizo su máximo esfuerzo para retener lo que había soñado y logró abrazar algunos fragmentos difusos. Intentó volver a dormir, desesperado por despegar nuevamente. Logró conciliar el sueño, pero nunca supo que jamás volvería a soñar.

N. Allegre, en Viajes verdaderos al Ensueño (1916).

Borges, Jorge Luis y Bioy Casares, Adolfo. “Vuelo asistido”. En: Cuentos breves y extraordinarios. Argentina, Editorial Losada, 1957; p. 154.

NOTA: pongo directamente la cita del libro que recopila el cuento y no de la obra original porque no encontré nada que cerciorara la existencia de ese libro. Y como todos sabemos que a esos dos pícaros les encantaba hacer pasar por ajenas obras propias o cambiar detalles a su antojo, creo que jamás se sabrá con certeza de dónde salió el cuento en verdad. Incluso creo haber leído, hace muchos años, que hasta existía otra versión del cuento -anónima- donde el final era completamente distinto, Filoni se llamaba de otro modo, tenía un reloj de arena que para el final se rompía, estaba casado y era su esposa la que lo terminaba salvando.

CINCO CONSEJOS DE ALAN MOORE PARA QUIEN QUIERA SER ESCRITOR DE CÓMICS

febrero 5, 2010

Lo siguiente es una traducción casera del artículo Alan Moore’s Five Tips for Would-be Comics Writers, la fuente está citada al final.

1. No lo hagas.
2. No, de verdad, no lo hagas.
3. DEFINITIVAMENTE no lo hagas –lo digo en serio.
4. No importa cómo te imagines que es la vida de un escritor, no tiene nada que ver.
5. Bueno, si lo vas a hacer de todos modos, si vas a ser un escritor de la calidad que sea, vas a tener que comprometerte a escribir -que es algo que, cuando sos joven e idealista, puede sonar increíblemente fácil-, pero deberás comprometerte como si fueras un antiguo griego o egipcio encomendándose a un dios. Si cumplís con el dios, puede que en algún momento te recompense. Pero si aflojás y no hacés buen uso de tu talento o de tu dios, entonces te estás dirigiendo a un mundo de inmenso e inimaginable dolor. Si elegís perseguir un fin, vas a tener que perseguirlo en serio. No te hagas el boludo, sé consciente de lo que significa el compromiso.
Comprometerte a escribir significa que, hasta cierto punto, tu escritura va a ser la parte más importante de tu vida, y eso no es un detalle menor. Puede provocar que te termines distanciando de otras personas u otras cosas. A veces puede llevarte a tener una vida muy solitaria. Si te comprometés a escribir, vas a pasar la mayor parte de tu vida encerrado en un cuarto silencioso y vacío, concentrado en una lapicera y un papel, o sus equivalentes. Preparate para tomártelo en serio y preparate para seguir te lleve a donde te lleve, incluso si termina siendo a lugares muy pero muy raros.
Bajo ningún concepto ésta es la profesión más glamorosa.
Después no digas que no te lo advertí.

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Khoury, George. “Alan Moore’s Five Tips for Would-be Comics Writers”.  En: The Extraordinary Works of Alan Moore. Estados Unidos, TwoMorrows Publishing, 2003; p. 197. La traducción es propia.

Agradecimientos: A la Bestia “soy un paranoico porque no me gusta que mi nombre salga por internet” Peluda por su asesoramiento legal y apoyo moral y al Barbeta en persona, quien me exigió en el post anterior que siguiera con el blog y me inspiró a robarle su texto.

PD: Disculpen las lectoras si se sienten excluidas de los consejos por no verse representadas en las interjecciones masculinas. Todas ellas, háganme el favor de cambiar “escritor” por “escritora”, “boludo” por “boluda”, y así.

PDO: En realidad, la Bestia se llama Germán Schinca. Es platense y está por recibirse de profesor en la Facultad de Humanidades de La Plata. Atención, chicas: es fachero, inteligente, heterosexual y está soltero. Si quieren, después les paso su mail y su teléfono.